Columna “Lunes de mujeres”: LA MATRIZ DE NUESTRA IDENTIDAD FEMENINA

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Ya estamos en la decimoctava cita de la columna «Lunes de mujeres», que sale cada primer lunes de mes (al final encontrarás los enlaces para acceder a los artículos anteriores). En los últimos meses hemos profundizado en la anatomía de los genitales femeninos, empezando por la vulva y el clítoris, pasando por la vagina y el himen, y llegando al cuello del útero con sus fluidos. Hoy me gustaría hablar del útero: ya hemos hablado de él como centro creativo y también de su conexión energética con el corazón, pero ahora me gustaría profundizar en su anatomía, porque las mujeres con las que estoy en contacto no siempre tienen las ideas claras al respecto. Y es comprensible, ya que el aparato genital femenino no es visible, sino que está oculto en el interior, y que la mayoría de nosotras hemos crecido en un entorno impregnado de tabúes y seguimos viviendo en una sociedad llena de tabúes.

Por supuesto, tal vez nuestros tabúes sean diferentes de los que tenían nuestras abuelas, pero todos tienen la misma raíz: la falta de autoconocimiento combinada con los estereotipos sociales, donde a menudo se nos dice cómo debemos sentir, cómo debemos ser, cómo debemos comportarnos, …
Conocer nuestro cuerpo, entender cómo funciona, comprender sus procesos, integrar los aspectos biopsicosociales, analizar críticamente cómo nos influye la sociedad y el contexto en el que vivimos, nos permitirá vivir con más placer, ser dueñas de nosotras mismas y estar más sanas, sin culpas ni miedos, sin complejos ni tabúes innecesarios.

Entonces, el útero es un órgano hueco situado en el centro de la pequeña pelvis y tiene la forma de una pera invertida, con la parte más ancha en la parte superior y la más estrecha en la inferior. Por delante encontramos la vejiga, por detrás el recto, por encima las asas intestinales y por debajo la vagina. En las mujeres que no han tenido hijos, el útero tiene una longitud de unos 7 cm, una anchura de unos 4 cm y un grosor de unos 3 cm, para un peso de unos 60 gramos, pero, por supuesto, cada mujer tiene sus propias peculiaridades y, en cualquier caso, a lo largo de la vida el útero experimenta diversos cambios, debido, por ejemplo, a la edad, los embarazos, los partos y las fases del ciclo menstrual.
Por ejemplo, antes de la pubertad el útero tiene un aspecto alargado, como un guante, y en la mujer adulta adquiere la forma de una pera invertida; en la mujer que ha tenido muchos hijos el tamaño y el peso del útero pueden aumentar, pero también la forma puede parecerse más a un globo; después de la menopausia su volumen empieza a disminuir, hasta adquirir una forma elíptica y aplanada.

Podemos dividir el útero en dos partes: la parte superior, expandida y voluminosa, es el cuerpo del útero, mientras que la parte inferior, más pequeña y estrecha, es el cuello uterino (o cérvix). El cuello de botella que divide el cuerpo del útero del cuello uterino se llama istmo uterino.
La relación entre estas dos partes también varía con la edad: antes de la pubertad el cuello uterino es más largo que el cuerpo, en la menarquia los dos tienen más o menos la misma longitud, luego gradualmente el cuerpo del útero empieza a superar al cuello uterino en altura y volumen.

En la mayoría de las mujeres, el cuerpo del útero está inclinado hacia delante, hacia el ombligo, situándose casi a noventa grados de la vagina, pero alrededor del veinte por ciento de las mujeres tienen el cuerpo del útero orientado hacia atrás (útero retrovertido).
La retroversión del útero puede ser primaria, cuando está presente desde el nacimiento, o secundaria, cuando el útero cambia de posición como consecuencia de una anomalía en la zona pélvica, como un fibroma o una endometriosis, que provoca la formación de adherencias, cicatrices o el debilitamiento de los músculos pélvicos. Por lo general, esta afección es asintomática, pero en algunos casos puede haber dolor durante el coito o la menstruación, y problemas de vejiga e intestino; sin embargo, no crea problemas en cuanto a la fertilidad y la posibilidad de concebir, siempre que no haya otros problemas en el sistema reproductivo.

El útero es hueco, pero las paredes anterior y posterior se adhieren perfectamente entre sí, y hay una fina capa de líquido entre ellas.
La pared uterina está formada por varias capas: la más interna es el endometrio, una membrana mucosa que cambia enormemente durante el transcurso del ciclo menstrual, aumentando de tamaño y engrosando, para luego ser expulsada si no se produce la concepción; la capa intermedia se llama miometrio y es una musculatura muy gruesa que, por lo tanto, tiene la capacidad de contraerse, por ejemplo, para hacer pasar la sangre menstrual a través del cuello del útero y para facilitar la expulsión durante el parto; por último tenemos el perimetrio, la tonaca serosa que recubre el útero externamente.

El endometrio se compone de dos capas: una profunda, que adhiere al miometrio inferior, y una superficial, rica en vasos y glándulas, que puede constituir el lecho de implantación del óvulo fecundado.
Esta capa más superficial, en las mujeres en edad fértil tiene un grosor que varía de un milímetro a unos siete milímetros dependiendo de la fase del ciclo menstrual. De hecho, sufre cambios cíclicos que se producen cada mes bajo la influencia de las hormonas ováricas: después de la fase menstrual hay una fase regenerativa, en la que el endometrio se enriquece gradualmente con nuevas células y vasos sanguíneos, aumentando su grosor gracias al efecto de los estrógenos; luego, gracias a la progesterona, madura y alcanza su máximo grosor, por lo que está preparado para recibir el óvulo fecundado y apoyarlo en su desarrollo, pero si no se produce la fecundación, la capa superficial del endometrio se desprende y es expulsada durante la fase menstrual.

Sin embargo, a nivel del cuello uterino, la mucosa no experimenta cambios cíclicos tan llamativos; aquí es principalmente la secreción mucosa de las glándulas la que varía, como mencionamos la última vez.
Por último, de los dos vértices superiores del útero parten las trompas uterinas, también llamadas salpingi, trompas uterinas o trompas de Falopio, que son los dos conductos tubulares que desde los dos lados de la parte superior del útero llegan a los ovarios, pero de esto hablaremos más adelante. Y la parte superior del útero, la que está por encima de la línea imaginaria que une las trompas, se llama fondo del útero, y es la parte que se mide durante el embarazo (cuando se mide su altura con una simple cinta métrica de costurera).

Para concluir, lo que conocemos como útero, tiene también otro nombre, poco conocido y aún menos utilizado (al menos en el idioma italiano, mientras que, por ejemplo, en el idioma español ya es más utilizado), pero en el lenguaje anatómico, sobre todo en la época medieval y renacentista, se utilizaba mucho. Este término es «matriz» y viene del latín «matrix», que significa «madre, vientre», es decir, la matriz es un vientre del que todo nace, que nutre y sostiene, pero también un lugar metafórico al que volver cuando necesitamos encontrarnos con nosotros mismos, reconectar con nuestro poder, volver a centrarnos y sentir la conexión con la Madre Tierra.
Nuestra matriz es el lugar de las infinitas posibilidades: portadora del principio de la vida, contiene todo lo que hemos sido, todo lo que somos ahora, pero también todo lo que podemos lograr y llegar a ser. Nuestro útero es, por tanto, un centro fundamental para realizarnos a nosotras mismas y a nuestra realidad, y por ello es importante conocerlo no sólo energéticamente, sino también físicamente, anatómicamente, comprendiendo su funcionamiento, para que luego sea aún más fácil percibir su estado energético.

Ahava, Francesca Zangrandi

  1. La próxima cita de esta columna será el primer lunes de julio, pero, mientras tanto, si deseas mantenerte actualizada sobre los diversos artículos que publico en el blog, puedes suscribirte al boletín en la página web www.quintadimensione.net, poner “Me gusta” en la página Facebook Quinta Dimensione – Francesca Zangrandi, seguirme en mi Instagram https://www.instagram.com/francesca_quintadimensione/ o puedes suscribirte al canal de YouTube Francesca Quinta Dimensione. Y si crees que este artículo pueda interesar a alguien que conoces, puedes compartirlo. Muchas gracias!

Ediciones anteriores de la columna “Lunes de mujeres”:
MOCO CERVICAL Y FERTILIDAD
CÉRVIX, EL PUNTO DE CONEXIÓN ENTRE LA VAGINA Y EL ÚTERO
EL MITO DE LA VIRGINIDAD FEMENINA
HIMEN Y VIRGINIDAD
VAGINA, LA PUERTA DE LA VIDA
ANATOMÍA DEL SUELO PÉLVICO
PERINÉ, LUGAR SAGRADO Y NO RECONOCIDO
PELVIS FEMENINA
ANATOMÍA OCULTA DEL CLÍTORIS
EL PODER APOTROPAICO DE LA VULVA
SOBRE VULVA Y DIVERSIDAD
YONI, PORTAL DIVINO DEL CUERPO-TEMPLO FEMENINO
UTERO-CORAZÓN, ALQUIMIA FEMENINA
ÚTERO, CENTRO DE CREACION FEMENINA
VIVIR EN ARMONÍA CELEBRANDO LA PROPIA NATURALEZA CÍCLICA
MUJERES LUNÁTICA
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