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Mañana, 31 de octubre, nos encontraremos a medio camino entre el equinoccio de otoño y el solsticio de invierno, y durante la noche celebraremos Samhain, que marca el final y el nuevo comienzo del ciclo de la Rueda del Año (la rueda del elemento Tierra).
El nombre «Samhain» proviene de una palabra en irlandés antiguo que parece significar «fines del verano». En el calendario de Coligny, la única fuente arqueológica que se refiere al cálculo del tiempo entre los celtas, Samonios (en galo) se indica como la fecha más importante, un verdadero año nuevo que marca el final de la cosecha, el comienzo del invierno, el final de un ciclo agrícola-pastoral y el comienzo del siguiente; este día se colocaba en un lugar atemporal, entre el final del ciclo y el que vendrá.

Es a la vez una fiesta de transición (el paso de un año a otro) y una apertura al otro mundo. El final y el principio son uno en la Rueda del Año, como lo son la muerte y el renacimiento; las leyes mundanas del tiempo y el espacio se suspenden temporalmente y la barrera entre los mundos desaparece, invitándonos a reafirmar nuestra creencia en la unidad de todos los espíritus (almas de los vivos y los muertos) y nuestra firme decisión de que la muerte no es el fin de nuestra existencia. En la tradición cristiana, mañana será la noche de Todos los Santos, donde los que ya no están aquí son recordados; y en algunos países se celebra Halloween (All Hallow’s Eve, la Víspera de Todos los Santos).

Con Samhain empieza la temporada en la que encontramos y celebramos la Crona, también conocida como la Vieja Dama, la Madre de la Muerte y los Antepasados, la Diosa Oscura, la Madre Oscura, la Reina del Inframundo. Es ella quien trae la muerte: con su toque, la naturaleza se ralentiza y se marchita; el aire se enfría, la savia de los árboles se retira a las raíces, las hojas caen cubriendo la tierra y fertilizándola durante el invierno, los animales se preparan para hibernar comiendo toda la fruta disponible y almacenando alimentos y nueces.
Y para nosotros es la portadora del cambio y nos permite descubrir los poderes de transformación y regeneración de su inframundo: nos lleva al mundo de abajo para encontrarnos con nuestra Sombra, para ver todo lo que intentamos ignorar o resistir; nos pide despojarnos de lo que es exterior, dejar de lado esos apegos y aspectos de nosotros que ya no pertenecen a nuestra esencia, para prepararnos para un nuevo comienzo y reencontrar nuestro núcleo antes de regresar al mundo nuevamente.

Es hora de dejar morir lo viejo y prepararse para un nuevo comienzo.

Y la Crona siempre encuentra una manera de facilitar nuestro crecimiento, incluso si a veces puede parecer impetuosa; pero en realidad significa que la hemos ignorada durante demasiado tiempo, que hemos negado su energía. Ella nos desafía, nos lleva a su cueva, en el útero de la Madre Tierra, y nos muestra su rostro, en el que vemos reflejado todo lo que hemos ocultado, ignorado o no procesado.

Entonces, Samhain en realidad representa una muerte simbólica, necesaria para renacer: en la naturaleza la temporada de la vegetación termina y comienza la vida de la semilla, su tiempo en la tierra antes de su futura vida vegetal; es el comienzo de la espera, la oscuridad desde la cual todo comienza, el silencio del cual surgirá la primera vibración, ese vacío inicial que debe ser, para que el nacimiento tenga lugar.
Y para nosotros es tiempo de descanso, de escucha interior, de retiro, para comenzar el viaje a las profundidades de nuestro ser para descubrir nuestro lado oscuro, conocerlo y aceptarlo, integrarlo en nuestras vidas. Es el comienzo del tiempo en el que estamos con nosotros mismos para reencontrar nuestro núcleo antes de enfrentarnos al mundo nuevamente, para descubrir aspectos de nosotros mismos que necesitan ser cambiados antes de que una nueva vida pueda comenzar.

Resulta que en el hemisferio norte, cuando celebramos Samhain, el Sol está en el signo de Escorpio, vinculado a la estación de la transformación, cuando las hojas caen, se descomponen y preparan el terreno para el nacimiento de nuevas semillas, es decir, la estación que transforma la desintegración de lo que ha terminado su ciclo transmutándolo en algo nuevo. Así que Escorpio nos insta a imitar a la naturaleza, a navegar por nuestras aguas profundas, a observar nuestras emociones, a explorar nuestro interior para prepararnos para la transformación y la renovación. Nos invita a cambiar de piel, como las serpientes (símbolo ligado al signo de Escorpio), y a renacer, pero para renacer hay que morir primero.
Por lo tanto es un signo totalmente alquímico, transformador; y en la alquimia hermética el procedimiento alquímico de la Gran Obra, que consiste en disolver los aspectos más duros y egoístas de la persona, así como los elementos físicos más groseros, para recomponerlos en una forma noble y llegar así a la realización de la piedra filosofal, se indica con el término VITRIOL.

V.I.T.R.I.O.L. está formado por las primeras letras de un famoso lema rosacruz expresado en latín: «Visita Interiora Terrae, Rectificando Invenies Occultum Lapidem», es decir, «visita el interior de la tierra, trabajando rectamente encontrarás la piedra oculta». Esta expresión indicaba la necesidad de descender a las entrañas de la tierra, es decir, a los oscuros recovecos del alma, para lograr la iniciación, operando esa transmutación de la materia en espíritu, que permitiría alcanzar la inmortalidad y sacar a la luz la sabiduría pasando por las distintas fases de la obra alquímica (Nigredo, Albedo, Rubedo).
En otras palabras, la piedra filosofal, capaz de transformar el plomo en oro, está escondida en las profundidades, y podemos descubrirla tomando el camino recto de la virtud (rectificando): el propósito del VITRIOL es entrar en uno mismo para regenerar y dar vida a una nueva versión de sí mismo, como el ave fénix que resurge de sus propias cenizas (otro símbolo ligado al signo de Escorpio).

Y al fin y al cabo, eso es exactamente lo que invitaba a hacer la inscripción de la entrada del Templo de Apolo en Delfos, con las palabras «Conócete a ti mismo»: antes de responder a cualquier pregunta, el oráculo de Delfos instaba al viajero a investigar su propia esencia. Y en la habitación de la sibila, la sabia que revelaba el mensaje de los oráculos, leemos: «Te advierto, seas quien seas, que deseas sondear los arcanos de la naturaleza, que si no encuentras dentro de ti lo que buscas, tampoco lo encontrarás fuera. Si ignoras las excelencias de tu propia casa, ¿cómo pretendes encontrar otras? Dentro de ti se esconde el Tesoro de los Tesoros. Hombre, conócete a ti mismo y conocerás el universo y los dioses.»
Así que sin miedo y con amor vayamos a nuestras profundidades, contactemos con nuestra alma y creemos el espacio que necesita para poder expresarse en libertad, soltando todo lo que nos impide ser totalmente auténticos.

Feliz Samhain, Francesca Zangrandi

PD. Durante los dos últimos años he estudiado y experimentado con la creación de un aceite específico para cada estación de la Rueda del Año, así que si estás interesada en un aceite que te acompañe durante tus prácticas y meditaciones en la estación en la que vamos a entrar, puedes pedir el ACEITE DE SAMHAIN.
Este aceite nos ayuda a entrar en nuestras profundidades y a conectar con nuestros ancestros y ancestras. Además, viene con un aplicador roll on, muy práctico para llevarlo a todas partes y evitar que se desperdicie.

https://youtu.be/HGv7seLqhj4

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