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Los tránsitos planetarios corresponden a tránsitos que también se manifiestan en nuestro interior, por lo que podemos considerar el movimiento de los planetas como la lectura de nuestras partes; y debo decir que percibí a Quirón y  todavía lo estoy percibiendo mucho (quien ha leído el artículo sobre la entrada de Quirón en Aries, sabe que en las últimas dos semanas he dormido muy poco, por no decir nada). Y su presencia se manifestó explícitamente en mi vida, incluso si inicialmente no sabía qué significaban las cosas extrañas y raras que me sucedían, cuál era el mensaje.

Por ejemplo, durante algunos días, la vela blanca de mi altar (tengo una roja y una blanca) tenía dos llamas, incluso si la mecha era solamente una: los primeros días la llama principal se dividió en dos, y luego volvió a ser una, y lo hizo un par de veces; pero luego, con el paso de los días, la llama se dividió y siguió teniendo la principal, más una pequeña, que ardía a un lado, sin mecha. Lo sé, parece imposible, así que te pongo aquí una foto que hice.

Entonces un día tuve una iluminación: ¡Quirón! ¿Por qué pensé en él? Porque no tiene su propia órbita, pero usa la de otros planetas (y en la vela sucedió que la pequeña llama usó la mecha para encenderse, pero luego se quemó por sí sola, en la cera pura y simple).

Y juntando una serie de cosas que me habían sucedido, me di cuenta de que realmente era él lo que percibía, así que me puse en un estado de recepción para entender lo que él quería comunicarme. (Y desde que entendí el mensaje, la llama ya no se ha duplicado).

Ahora, hace unos días empecé a notar otras sincronicidades, pero esta vez intenté prestarle atención desde el principio, y me di cuenta de que lo que percibía era la presencia de Urano, que está a punto de entrar en el signo de Tauro.

Durante miles de años se pensó que Saturno era el último planeta del sistema solar, pero en 1781 William Herschel descubrió a Urano de una manera muy casual e inesperada; y este descubrimiento coincidió con un período de gran renovación social, económica y política, entre dos grandes revoluciones, la estadounidense y la francesa. Así que esto ya nos dice que es el planeta de las revoluciones, de los cambios radicales, de lo inesperado, de la ruptura de los esquemas y estructuras existentes, para permitir que entre lo nuevo.

De hecho, mientras los otros planetas giran sobre un eje horizontal alrededor de un eje vertical, Urano tiene un ecuador más o menos vertical que gira sobre un eje horizontal, haciéndonos entender que quiere romper las reglas del juego, mostrandonos que siempre hay otro punto de vista, pidiéndonos que abandonemos nuestra seguridad y redescubramos nuestro ser. Y su símbolo recuerda una antena que apunta hacia el cielo, sintonizándose con lo que aún no está  allí, lista para capturar lo nuevo.

Urano es el primero de los planetas transaturnianos, que en astrología humanista se consideran trascendentes, o sea estrechamente vinculados a la evolución individual y colectiva. Cada siete años, aproximadamente, cambia de signo y su ciclo de revolución dura 84 años (después de 84 años vuelve exactamente donde estaba en el momento de nuestro nacimiento), por lo que es el último planeta que puede completar su revolución en el arco de un vida humana Por esta razón, los planetas lentos también se definen generacionales: su posición persiste durante años en un signo influyendo y resaltando los cambios de la comunidad. Mientras que Saturno, según la psicología astrológica, tiene que ver con la formación del ego, Urano es el vínculo entre el individuo y la psique colectiva.

En los últimos años, Urano estuvo en el signo de Aries, el signo del «Yo soy», por lo tanto nos empujó a buscarnos a nosotros mismos; pero ahora en Tauro nos pide que superemos nuestros límites personales, que seamos lo que hemos descubierto que somos, que nos entreguemos a lo que somos y aceptándonos sin más excusas.

Obviamente, para cada uno de nosotros el impacto será diferente según nuestra carta natal, pero a nivel colectivo pondrá en juego el tema de los valores personales, la seguridad material (dinero y bienes materiales) y afectiva. Nos pide que dejemos morir esas partes que ya no son funcionales dentro de nosotros y en nuestras vidas, as que podríamos sentirnos perdidos: la transición de un viejo patrón de vida a uno nuevo literalmente nos pone en crisis (y la palabra «crisis» viene del griego «krisis», que significa «elección, decisión», y del verbo «krino», que significa «distinguir, juzgar»); las certezas colapsarán y, mientras no hayamos construido otras nuevas, nuestros cimientos fallarán, causando que experimentemos ansiedad, miedo, irritación, inadecuación. Después de todo, las transformaciones conciernen no sólo a la realidad física sino también a la realidad emocional; sin embargo, cuanto más nos resistamos a estos cambios, más experimentaremos el tránsito de manera negativa, pues tratamos de fluir con estas energías de renovación, recordándonos que el cambio es el instrumento que nos permite ser la completa manifestación de lo que somos y de lo que nos alejamos.

¿Qué hemos venido a hacer aquí? ¿Qué estamos llamados a compartir con el mundo? Urano nos pide que lo pongamos en acción, y su posición en nuestra carta natal, más su relación con los otros planetas, nos muestra lo que estamos llamados a hacer en esta vida.

Y si nos damos cuenta de que lo que estamos haciendo no corresponde a lo que hemos venido a hacer, este es el momento para cambiar; porque si no lo hacemos nosotros, Urano encontrará el camino, pero probablemente no será un cambio leve.

Entonces, abramosnos a la oportunidad de alcanzar e intentar algo completamente nuevo, caminar por caminos nunca antes recorridos; atrevámonos, salgamos de nuestra zona de confort y busquemos lo que realmente nos nutre. Recordemosnos también que tenemos a Quirón en Aries, y él es el puente entre lo antiguo y lo nuevo, así que no tenemos más excusas, este es el momento de ser auténticos, libres de condicionamientos e imposiciones.

Ahava, Francesca Zangrandi

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