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31 July 2020

Lammas

Mañana se celebrará Lammas, una de las ocho celebraciones solares (Sabba) que representan la energía cambiante de la naturaleza, y cuya vibración nos acompañará hasta el próximo equinoccio de otoño.
Es la fiesta de la Gran Madre, la que da la vida, nutre y apoya, la que nos da todo lo que tenemos, quien ve y sabe todo lo que somos y hacemos, quien no juzga y perdona. Es la época del año en la que se celebra la abundancia: la Madre Tierra, de hecho, aparece en su plenitud, dando a luz sus frutos que alcanzan la madurez y podemos beneficiarnos de toda su abundancia mientras disfrutamos de la cosecha.

En cada cultura el 1 de agosto se celebra la Madre Tierra, agradeciéndole todos los regalos que nos ha dado y nos está dando: por ejemplo, en América Latina se celebra Pachamama, para los celtas era Lughnasadh, en la Rueda del Año es Lammas. Básicamente, celebramos la entrada en la temporada de cosecha, que por un lado nos habla de abundancia y, por otro, del concentración interior para prepararnos para recibir el otoño y la oscuridad.
El nombre Lammas proviene del sajón “hlaf-mass”, la fiesta del pan, y es la celebración de los productos de trigo; para los celtas es Lughnasadh, fiesta de la fertilidad que celebra el corte del grano y la muerte y resurrección del dios Lugh, el rey del trigo. Así que celebremos a la Diosa de la Naturaleza, la Madre Tierra, Donante de Vida: es hora de honrarla y agradecerle por todo lo que nos da. Y numerosas son las Diosas del Trigo, que distribuyen el alimento a sus hijos directamente de su cuerpo: la romana Ceres, la griega Demeter, la frigia Cibeles, la mexicana Coatlicue, la egipcia Isis…

El mito del trigo y la espiga se ha celebrado desde la antigüedad con una especie de ritual de la última gavilla del cultivo, del que se obtuvieron los granos para la siembra futura o la ceniza que se utilizó para regenerar la tierra, recordándonos el ciclo vida-muerte-renacimiento.
Y, de hecho, esta fiesta cae en el ciclo lunar que para los indios de América corresponde a la Madre Clan La que Cura, quien nos enseña a comprender y honrar los ciclos de nacimiento, muerte y renacimiento, dándonos la capacidad de soltar el miedo a la muerte y aceptar el cambio como una nueva aventura. Que la muerte sea el final de una relación, el final de un trabajo o el final de la vida física, La que Cura nos muestra cómo ver más allá de la ilusión de las limitaciones y celebrar cada giro del camino como otro paso que nos lleva a la plenitud.

Con Lammas entramos en el mes de agosto, que representa el número ocho, no por casualidad simbolizado por el infinito y vinculado precisamente a la fertilidad y la prosperidad.
Pero el número ocho también simboliza la muerte en términos de transición y paso, y luego nuevamente el hecho de que Lammas también nos recuerda el ciclo de vida-muerte-renacimiento, enseñándonos que todo se transforma, que no debemos tener miedo de perder algo, de déjarlo ir, porque en realidad es sólo una evolución de nuestro ciclo de vida.

Feliz Lammas, y que lo que necesita ser transformado se transmute, para que la espiral de la vida pueda continuar infinitamente su danza.
Francesca Zangrandi

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