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18 November 2021

Luna llena en Tauro y eclipse lunar

Mañana por la mañana la Luna alcanzará la plenitud en el signo de Tauro, un signo de Tierra que nos habla de la manifestación y nos conecta con la forma. Sabemos que cada luna llena es la culminación de algo que hemos sembrado seis meses antes, cuando la luna era nueva en el mismo signo del zodiaco. Así que hace unos seis meses (exactamente el 11 de mayo), la luna nueva estaba en Tauro y, seamos o no conscientes de ello, estábamos ocupados sembrando nuestras intenciones para los próximos seis meses.
En esta ocasión la Luna y el Sol estaban en conjunción con Lilith, la Luna Negra que representa nuestros sentimientos más profundos, nuestra naturaleza más arcaica, salvaje e instintiva, esa parte que durante siglos se nos ha pedido que ocultemos y reprimamos. Y la invitación en aquel momento era a unir nuestro lado en luz con el lado en sombra, Eva y Lilith (¡te sugiero que releas el artículo que escribí en aquella ocasión!) y a integrar y encarnar en nosotros esta unión entre las dos polaridades, que no son más que dos caras de una misma moneda.

¿Hemos conseguido unir estas dos partes o sigue habiendo separación?

Ahora esta luna llena irá acompañada de un eclipse lunar parcial: el tiempo de los eclipses es un espacio de gran movimiento y profundo poder, donde se crean cambios visibles, donde se manifiesta lo que requiere cambio, movimiento y acción concreta. En cierto modo, es como si nos encontráramos abandonados a nosotros mismos, sin luz exterior, y por tanto debemos confiar en nuestra propia luz, en nuestros propios recursos internos para avanzar; por eso los eclipses nos permiten dar un salto evolutivo.
En este plenilunio, la Tierra se interpondrá entre el Sol y la Luna, oscureciendo parcialmente a esta última: por un lado, es como si nos dijera que no sigamos mirando hacia donde miramos, que no sigamos aferrados a lo que ha sido y dejemos ir lo que aún no es; por otro lado, es como si el lado emocional, inconsciente, perdiera un poco de fuerza y el Sol, en cambio, se fortaleciera. Y el Sol representa nuestra esencia, y es vital para entender nuestro propósito en la vida; por lo tanto, es como si el YO pudiera expresarse más libremente, aunque la parte inconsciente pueda crear resistencia y por lo tanto crear sufrimiento.

Pero creer que las cosas no van a cambiar es sólo una ilusión, porque el cambio es inevitable; y cuanto más nos resistamos a él, más doloroso será. ¿Recuerdas el dolor que sentías en las rodillas, la columna vertebral y varias articulaciones cuando estabas creciendo? Yo lo recuerdo muy bien, y a menudo ocurría por la noche: nadie podía quitarme ese dolor, era fisiológico, estaba creciendo y mi cuerpo se adaptaba a ese crecimiento. Y en cierto modo la ansiedad, la inquietud, el miedo o cualquier emoción que estemos experimentando en ese momento, podríamos considerarla como el dolor que está anunciando cambios acelerados en nosotros y en nuestra vida.
No podemos eliminarlo, pero podemos elegir cómo afrontarlo: podemos seguir mirando al pasado o podemos entusiasmarnos con lo nuevo que viene; podemos centrar nuestra energía en lo que está muriendo (para permitir que nazca lo nuevo) o podemos centrarla en lo que está naciendo.

¡Nos toca elegir a nosotros!

Y no por casualidad, esta luna llena se producirá en el grado 27: el Sol está en el grado 27 de Escorpio, mientras que la Luna está en el grado 27 de Tauro. Y si lo reducimos a un dígito, se convierte en un nueve (2+7=9), un número que representa la finalización de un ciclo, conteniendo en sí mismo el doble concepto de principio y fin, muerte y renacimiento; en un sentido elevado, es el número de la iniciación, porque marca el final de una fase de desarrollo espiritual y el comienzo de otra fase superior (simbolizada por el paso de las unidades a las decenas).
Y la Luna está muy cerca del Nodo Norte, que de momento sigue en el signo de Géminis, pero que en enero pasará al signo de Tauro; y el Sol está muy cerca del Nodo Sur, que de momento está en el signo de Sagitario, pero que en enero entrará en el signo de Escorpio.

Mientras que el Nodo Sur representa de dónde venimos, es decir, la memoria kármica, lo que conocemos bien y lo que nos pertenece, el Nodo Norte representa hacia dónde vamos, es decir, la dirección que nos permitirá evolucionar a través de sus retos y enseñanzas. Así que es como si la Tierra nos dijera que nos centremos en soltar esas creencias que pensábamos que eran verdades absolutas y que de alguna manera nos están limitando, acabando con los programas, las creencias, los miedos que nos anclan en el pasado para mirar al futuro, llevando la atención al camino que está susurrando a nuestra alma y abriéndonos a nuevas perspectivas y nuevos puntos de vista. Nos recuerda que es hora de alejarnos de la verdad dictada por los gurús y acercarnos cada vez más a nuestro maestro interior.
Urano en Tauro apoya totalmente el cambio, invitándonos a superar nuestras limitaciones personales y a habitar el cuerpo de una manera nueva, recordándonos que la abundancia y el poder provienen de algo distinto a lo que siempre hemos creído y pensado: el oro está dentro de nosotros, tenemos todas las habilidades para brillar y hacer prosperar nuestra vida (sea cual sea la prosperidad para nosotros).

Urano se opone a Marte en Escorpio: la oposición puede hacernos pensar en un gran desacuerdo, pero en realidad la tensión viene dada por el diálogo que se crea entre las dos partes, con el objetivo de tomar conciencia. Podemos optar por permanecer en esta lucha entre las dos facciones o situarnos en el medio, intentando integrar las dos polaridades. Porque al fin y al cabo, Marte también nos empuja a su manera a pasar a la acción; pero esta energía de conquista no es hacia fuera, sino hacia dentro (Escorpio), en busca de nuestra verdad más profunda, la que no está condicionada por el pasado, por los demás o por la sociedad en la que nos encontramos.
Escorpio es transformador: nos empuja hacia el inconformismo creativo, la búsqueda de lo insólito, lo nuevo, lo impensado. Y luego sabemos que en cada cultura se ha dado un nombre a las distintas lunaciones según la energía que tienen, y para algunos ésta es la “luna de la niebla”, es decir, la luna que nos pide que confiemos en lo que los ojos no pueden ver: de hecho, con Samhain hemos entrado en el periodo oscuro del año, y cuando todo está oscuro tenemos que usar otros ojos para ver (la intuición, el corazón, el vientre…) y confiar en que la luz está ahí, más allá de la oscuridad, más allá de la niebla, aunque nuestros ojos no la vean.

Feliz luna llena, Francesca Zangrandi